
Hey!! regresaste!! Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm estoy empezando a creer que tu nivel de ocio es aún mayor que el mío... pero le doy gracias a la Trinidad por eso, ya que estás leyéndome una vez más.
Tal vez ya lo notaste, pero esto se está empezando a convertir en una especie de vicio. Espero que la cosa continúe así. Quizás llegará un punto en el que ni vos ni nadie me van a leer, pero yo soy feliz revelándole mis más íntimos pensamientos a cualquier extraño que haya digitado esta dirección electrónica.
Ya van dos párrafos y este texto no cuadra con su título, ¿verdad? Bueno, te quiero contar que estoy "de vuelta a la realidad" por que mañana reinicio mis clases. Y eso implica muchísimas cosas. Volver a los desvelos, al cansancio, a las socazones (por si no sos salvadoreño, eso siginifca "aflicciones", creo) típicas de cualquier estudiante... pero también significa cosas buenas.
Volver a sentarme a hablar estupideces con mis amigos, tener algo que hacer que me haga sentir moderadamente útil al sistema social en el cual vivo... esa es la palabra clave... vivo.
Es volver a hacer, sentir y decir todas las cosas que me hacen sentir vivo. No es que en las vacaciones no me sienta así (es más, en estas vacaciones me he sentido más vivo que nunca)... pero me refiero a esa rutina que le da sentido a nuestra existencia, esa dosis de predecible calma y tranquilidad que nos hace sentir parte de tantos algos que, sin ellos, no sabríamos quienes rayos somos.
Un grupo de amigos, una visión ideológica, teológica o espíritual; miembros de una tribu urbana, miembros de un corito que dice "SI!!" o del otro corito que dice "NO!!" a cualquier pavada que un desconocido diga.
Miembros de una línea ininterrumpida en el tiempo y espacio, que muchas veces queremos romper, pero cuando la rompemos, nos quedamos huérfanos de sentido propio.
Bueno, no sé ustedes, pero a mí eso me pasa. Muchas veces estoy enclaustrado en la seguridad de una consecuencia inequívoca de todo lo que soy, y esa comodidad muchas veces llega de desesperarme y quiero romper con todo... escapar a algún lugar lejano, y gritar a los cuatro vientos "YA BASTA!!!"...
Pero después de gritarlo, ¿qué hago? Lastimosamente, no todos tienen los huev... agallas para replantearse su vida y sus significados. Ir contracorriente es como el queso francés... definitivamente es un gusto adquirido. A mí, peculiar e irónicamente, no me gusta el queso francés.
Soy demasiado escéptico para llevármelo a la boca. Y ese escepticismo no es de nacimiento. Es que han pasado demasiadas cosas, la mayoría de ellas recientemente, que me han obligado a traicionar mi naturaleza impetuosa y arriesgada, para volverme asquerosamente precavido. Debo aceptarlo, me gusta este nuevo yo. Es más racional, muchas veces lleva (o al menos así lo cree) el control de las situaciones. Sigo siendo atrevido, pero de un modo más estructurado. Me sigue gustando lanzarme de precipicios, pero ya no lo hago con los ojos vendados (y dependiendo del precipicio en cuestión, a veces me gusta llevar paracaídas).
Este escepticismo, más bien, me hace más fuerte, más calmado... más digno de la rutina que me da sentido. Aunque a lo mejor es un escepticismo hipócrita. Me gusta sentirme racional, y lanzarme de precipicios con los ojos destapados... pero a lo mejor es un escepticismo oportunista, que lo único que busca es asesinar a la rutina mientras duerme con ella.
Tal vez ya lo notaste, pero esto se está empezando a convertir en una especie de vicio. Espero que la cosa continúe así. Quizás llegará un punto en el que ni vos ni nadie me van a leer, pero yo soy feliz revelándole mis más íntimos pensamientos a cualquier extraño que haya digitado esta dirección electrónica.
Ya van dos párrafos y este texto no cuadra con su título, ¿verdad? Bueno, te quiero contar que estoy "de vuelta a la realidad" por que mañana reinicio mis clases. Y eso implica muchísimas cosas. Volver a los desvelos, al cansancio, a las socazones (por si no sos salvadoreño, eso siginifca "aflicciones", creo) típicas de cualquier estudiante... pero también significa cosas buenas.
Volver a sentarme a hablar estupideces con mis amigos, tener algo que hacer que me haga sentir moderadamente útil al sistema social en el cual vivo... esa es la palabra clave... vivo.
Es volver a hacer, sentir y decir todas las cosas que me hacen sentir vivo. No es que en las vacaciones no me sienta así (es más, en estas vacaciones me he sentido más vivo que nunca)... pero me refiero a esa rutina que le da sentido a nuestra existencia, esa dosis de predecible calma y tranquilidad que nos hace sentir parte de tantos algos que, sin ellos, no sabríamos quienes rayos somos.
Un grupo de amigos, una visión ideológica, teológica o espíritual; miembros de una tribu urbana, miembros de un corito que dice "SI!!" o del otro corito que dice "NO!!" a cualquier pavada que un desconocido diga.
Miembros de una línea ininterrumpida en el tiempo y espacio, que muchas veces queremos romper, pero cuando la rompemos, nos quedamos huérfanos de sentido propio.
Bueno, no sé ustedes, pero a mí eso me pasa. Muchas veces estoy enclaustrado en la seguridad de una consecuencia inequívoca de todo lo que soy, y esa comodidad muchas veces llega de desesperarme y quiero romper con todo... escapar a algún lugar lejano, y gritar a los cuatro vientos "YA BASTA!!!"...
Pero después de gritarlo, ¿qué hago? Lastimosamente, no todos tienen los huev... agallas para replantearse su vida y sus significados. Ir contracorriente es como el queso francés... definitivamente es un gusto adquirido. A mí, peculiar e irónicamente, no me gusta el queso francés.
Soy demasiado escéptico para llevármelo a la boca. Y ese escepticismo no es de nacimiento. Es que han pasado demasiadas cosas, la mayoría de ellas recientemente, que me han obligado a traicionar mi naturaleza impetuosa y arriesgada, para volverme asquerosamente precavido. Debo aceptarlo, me gusta este nuevo yo. Es más racional, muchas veces lleva (o al menos así lo cree) el control de las situaciones. Sigo siendo atrevido, pero de un modo más estructurado. Me sigue gustando lanzarme de precipicios, pero ya no lo hago con los ojos vendados (y dependiendo del precipicio en cuestión, a veces me gusta llevar paracaídas).
Este escepticismo, más bien, me hace más fuerte, más calmado... más digno de la rutina que me da sentido. Aunque a lo mejor es un escepticismo hipócrita. Me gusta sentirme racional, y lanzarme de precipicios con los ojos destapados... pero a lo mejor es un escepticismo oportunista, que lo único que busca es asesinar a la rutina mientras duerme con ella.

HOLA ME GUSTO TU ENTRADA Y TU BLOG TE ESTARE LEYENDO SEGUIRE DE OCIOSA
ResponderEliminarSALUDOS
Nunca probé el queso frances.
ResponderEliminarjaja, me copó tu blog:)
Huy pensé que ya había escrito jajajajaja! mmmm sólo dos cosas Budín... "zocazón" es con "Z" ok! ¬¬ y pues, lo de ser precavido, llevo AÑOS diciéndotelo, me alegra que al fin me hagás caso! ciao
ResponderEliminarmmmmmm me sentiré muy tonto al preguntar esto pero, "BE YOURSELF"... no sé quien sos XD
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