Los seres humanos, en especial los de mi raza (remitirse a la primera entrada de este blog), tendemos a metaforizar la realidad... para cualquier imagen, sentimiento, sensación, olor, sabor, sonido, presentimiento... para nosotros, TODO tiene una mística escondida en algún lugar del espacio - tiempo.
¿Y qué tal la sensación de felicidad? hay algo en ella, excitante, emotivo, incitante, provocador, adictivo... ¿cuál es la metáfora perfecta de la felicidad?
Supongo que cada quien tiene la propia, según como viva su propia felicidad. Alguien que la viva al borde del abismo, en base a adrenalina, quizás la metaforizaría con una tormenta... cuán vívida es aquella felicidad que cae en forma de trueno, que nos estremece el alma y los músculos!!!
Para otros, la felicidad es un enigma... un misterio que se va y que viene, que nunca sabrás en que condiciones aparecerá y cuando lo hará... la Luna sería la metáfora perfecta para ese tipo de felicidad.
Y así puedo continuar, pero lo que me importa (qué egoísta!!) es como vivo mi propia felicidad... desde hace un rato. Mi felicidad es caprichosa, de esa que te hace contraer los músculos y morderte los labios... mi felicidad tiene una sensualidad fascinante, retadora, insinuante, dulce, berrinchosa...
Pero, sobre todo, mi felicidad es un ciclo... un inicio, una renovación que buscaba desde hace muchísimo tiempo, y que apareció cuando dejé de buscarla... siempre supe que hasta entonces aparecería.
¿Y mi metáfora perfecta, cuál es? Amigos míos... mi felicidad es el otoño.
El otoño y esa magia de hojas que caen, hojas que parecían inamovibles, hoy ceden ante el paso de un tiempo bondadoso pero estricto. Una danza de colores terrosos, un aroma a pino y naturaleza que te hace delirar... un aroma que te cautiva, te hace cerrar los ojos y soñar.
El otoño y la impaciente calma que trae la certeza de la primavera posterior... el otoño y los escalofríos que causan sobre mi cuerpo sus brisas... sobre mi cuerpo que sale de su hibernación, y hoy enfrenta a ese enigma que tanto le fascina... el tiempo.
Tiempo... del tic tac biológico de la Madre Naturaleza depende cuanto tardará este otoño...
Curiosamente, un día de estos amanecí con un relojito verde en mi mano... si lo detengo, las hojas dejan de caer, si lo hago proseguir, los más tiernos capullos crecen entre la hierba...
Bendita indulgencia de la Madre Naturaleza!! De mí depende la primavera...
jueves, 15 de octubre de 2009
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