Se fue el año, se fue 2009. Sus luces se apagan, las reflexiones y conclusiones son inminentes. Ya no somos los mismos que fuimos al ocaso de 2008, y somos demasiado diferentes de lo que seremos en el alba de 2011. Al menos yo no soy el mismo.
Perdí un amor, uno que se me fue de las manos como una sombra escurridiza, y lo perseguí.,.. lo perseguí como loco, como idiota, como niño encaprichado... pero no podés atrapar a las sombras, aunque sean las sombras de algo que fue tan tangible. Crecí, maduré, hice el ridículo y aprendí a dejar ir.
En 2009 recordé como se sentía abrazar a los ángeles...esos ángeles que mundanamente llamamos amigos. Esos que están ahí cueste lo que cueste, haciendo más que reírse conmigo... de esos ángeles, de los cuales hubo muchos con los que los lazos se hicieron más fuertes que nunca (después de todo, para ellos también soy un ángel)... otros fueron ángeles nuevos, aparecieron de repente en mi vida y como cualquier cosa nueva, le han inyectado nueva vida a mi vida... ellos han venido para quedarse (al menos eso espero).
Hubo ángeles que recuperé, esos cuyo abrazo ya había olvidado... y recuperarlos fue, por momentos, como volver a nacer... como volver a sentir.
Hubo otros ángeles que casi pierdo, por culpa de cosas terrenales y vanas que no son nada a comparación del valor de un ángel... y hubo un ángel que perdí.. y hubo otro ángel, ese ángel que llegó a ser sombra, es de nuevo el ángel que al principio fue.
En un punto de la vida me convertí en hombre, y dejé de ver todo bajo el prisma del niño ilusionado. Soy un poco más frío, más coherente, más calculador... en pocas palabras, me he convertido en un poquito de aquello que creí nunca necesitar convertirme... y sí, al fin y al cabo lo necesité.
Y de repente llegó ella, que no es una sombra... a la que beso, a la que acaricio, la que se traga mi perfume y mi esencia mientras me regala la de ella... esa que me quiere mientras yo estoy seguro que no hubiera querido a quien yo solía ser... o quizás sí, pero decidí no correr ese riesgo.
Ella, que me enseña a ilusionarme de nuevo, aunque a cucharadas, a mi medida cobarde... a nuestra medida cobarde... ¿o coherente?... ¿o cobarde?
Y estoy parado frente a la puerta de una nueva realidad, de un nuevo ciclo... en parte me emociona, en parte me aterroriza... sólo espero contar con el corazón de los ojos que hoy leen esto...
miércoles, 30 de diciembre de 2009
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